3/02/2005

Indira


Mi pequeño dragón peludo,
no sabes lo que extrañan mis libros
el husmear de tus orejas de trapo
o tu rabo de anillos de humo.

Me pregunto a dónde, mirada de esfinge,
te llevarán las huellas de sal
y la indolencia de tus andares
calculados de mujer fatal.

Tu sonrisa de Chesire
todavía me acecha en cada esquina,
apenas desdibujada
por la sombra deshilachada de tu huida.

Se mezclan en mi cerebro
los llantos de niños vecinos
en rebotes lastimeros
como ecos de maullidos.

Quizá volvieras, cachorro de tigresa,
si Bastet me sonriera,
si supieras cómo añoro
el pijama a rayas de tus duermevelas.

El espacio crece, crece y me devora
alimentándose de la ausencia
de tus pasitos de fantasma
como zarza trepadora.

...Y es que descubro que no soy nadie
sin tus delirios de grandeza,
Porque el último de tus caprichos
fue el de dejarme, princesa.


-junio 2004-

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