3/02/2005

Purgatorio en verde ceniza


Mi abuelo de papel, puedo ver el muro a través de él,
ya no nos queda el consuelo de los que pretendían
apagar el infierno a base de oraciones.

Los Olvidados se siguen apolillando
tras noches sin cielo,
consumiéndose lentamente como cigarrillos
abandonados en ceniceros de sábanas blancas.

Las horas se desordenan,
marcadas por el goteo del suero
que retumba en mi cabeza.
Callados, imaginamos figuras
en las manchas de la pared…

Tan poco que hacer, tan sólo esperar
con lágrimas atravesadas,
porque los ángeles de la guarda
no entran a los hospitales.


-enero 2004-

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