3/02/2005

Suspiros de cemento

Rasgamos sueños arrugados en papel de aluminio,
ya usado para envolver bocadillos
o cadáveres fugados de algún telediario,
los mismos rostros que se vislumbraban
al resplandor de las bombas,
con preguntas amordazadas por escombros.

Y en la ciudad nos dejaron un paisaje perfilado
por ancianos solitarios paseadores de perros minúsculos,
en hogares protegidos por nombres de héroes griegos
desterrados a ser marca de limpia-hogar pino.

Mientras, un ejército de pelusas susurrantes
preparan una rebelión bajo mi cama
y me tientan a la locura con su canto
de sirenas (de ambulancia).

Y en la ciudad suspiros de fiambreras
que sólo guardan vacío,
como en tus manos rebota el eco de estrellas
apagadas en cenicero mojado.

Y en la ciudad la lluvia resbala
por las mejillas sucias
de edificios hambrientos
como niños abandonados.

Sólo nos queda flotar en esta cortina de humo
que envuelve las calles,
las meninges, los deseos,
las llamadas perdidas y miradas esquivadas
en esta ciudad anestesiada.


-Invierno 2003-

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