Muñeca rota
Cuando me encontraste al borde del camino
yacía como una muñeca rota
absorta entre sus propios pedazos,
sobre un charco de lágrimas
que todavía temblaban
con los aullidos del Lobo Demente.
Me miraste de reojo
(aún no sé qué animal eres)
quizá olisqueando con curiosidad
el aire agitado en torno a aquella
sombra deshilachada que quería parecer entera.
No sé qué Luna brillará mañana
en este cielo de tormenta.
Pero hay miradas que sanan
y miradas que enferman.
A mí apenas me escoció la tuya
al supurar el veneno de navaja azul
Que aún quedaba en mis venas.
-Noviembre 2002-
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