3/03/2005

Muñeca rota

Cuando me encontraste al borde del camino

yacía como una muñeca rota

absorta entre sus propios pedazos,

sobre un charco de lágrimas

que todavía temblaban

con los aullidos del Lobo Demente.


Me miraste de reojo

(aún no sé qué animal eres)

quizá olisqueando con curiosidad

el aire agitado en torno a aquella

sombra deshilachada que quería parecer entera.


No sé qué Luna brillará mañana

en este cielo de tormenta.

Pero hay miradas que sanan

y miradas que enferman.

A mí apenas me escoció la tuya

al supurar el veneno de navaja azul

Que aún quedaba en mis venas.


-Noviembre 2002-